Autoayúdate con los clásicos
Libro Autor Emilio del Río
PRIMERA EDICIÓN 2026
LIBRO RECOMENDADO
Sinopsis
de Carpe Diem
En
un mundo donde las soluciones instantáneas pero inconsistentes están a la orden
del día, los clásicos nos ofrecen respuestas profundas, atemporales y bien
fundamentadas
¿Cómo
encontrar la felicidad?
¿Cómo
enfrentar el dolor y la incertidumbre?
¿Cómo
asumir el cambio?
¿Cómo
construir relaciones duraderas?
¿Qué
valor tiene la amistad?
¿Cómo
afrontar la muerte?
¿Cómo
vivir con plenitud?
En
un mundo donde las soluciones instantáneas e inconsistentes están a la orden
del día, los clásicos nos ofrecen respuestas profundas, atemporales y bien
fundamentadas, que han resistido la prueba del tiempo y siguen siendo las
mejores para enfrentar los desafíos de la vida moderna
Este
libro CARPE DIEM Autoayúdate con los clásicos; es
una invitación a redescubrir esas enseñanzas de los clásicos y a aplicarlas a
nuestra vida cotidiana. Porque, ¿quién mejor que los grandes pensadores
grecolatinos para guiarnos en nuestro camino hacia una vida plena y
equilibrada?
La vida es compleja, llena de desafíos e incertidumbres, con situaciones muy dolorosas y complicadas, pero también con momentos de alegría y belleza. Los clásicos grecolatinos nos invitan a encontrar esa belleza en lo cotidiano, a vivir plenamente y a buscar el lado positivo de la vida, como nos recuerda el famoso Carpe diem de Horacio
La
traducción del latín sería aproximadamente a:
“Cosecha
el día” o “aprovecha el día”
Que
el representante original se le atribuye a el griego Horacio
y que prácticamente sería aprovechar el presente, no sembrando conscientemente
-obsesivamente- en el futuro
Como
ejemplo puedo citar la carta titulada:
“aprovecha
el instante presuroso;
breve
es la vida, la esperanza vana;
el
tiempo huye entre tanto envidioso,
hoy
góza y nada esperes de mañana”
en
la carta titulada CARO; escribe:
“Mejor
es resignarnos a lo que venga, o Júpiter
Benigno
otros inviernos conceda y otros más
O
éste el último sea que hoy en rocas inmóviles
A
deshacer sus tumbos lleva el Tirreno mar.”
En otra carta dirigida a Leuconoe:
“No
quieras tú saber, que no te es dado,
qué
fin los dioses, Leuconoe hermosa,
nos
darán a los dos: sin tal cuidado
vivir
este momento es sabia cosa”
“No
sabes si será tu último invierno
el
que ves. No consultes adivinos,
y
ya que nada puede ser eterno
óyeme:
sé prudente, gústa vinos,
aprovecha
el instante presuroso;
breve
es la vida, la esperanza vana:
el
tiempo huye entre tanto envidioso,
hoy
goza y nada esperes de mañana
Y;
así podemos citar algunas otras cartas
ÍNDICE:
Introducción
Busca
siempre el lado positivo de la vida
1.
Vivir
es combatir
2.
Todo
cambia
3.
Nada
en demasía
4.
¿Cómo
conseguir la serenidad?
5.
Escucha
tu voz interior: el valor de la meditación
6.
Cómo
evitar los ataques de ira
7.
El
veneno silencioso: la envidia te amarga la vida
8.
El
autocontrol: cómo evitar los cantos de sirena
9.
Cómo
afrontar la muerte
10.
La
necesidad de la autoestima
11.
El
poder del perdón
12.
La
humildad: el poder de reconocer tus límites
13.
Defender
la alegría
14.
La
fortaleza de la amabilidad
15.
Haz
un favor siempre que puedas
16.
Sin
rumbo ningún viento es favorable:
la
necesidad de tener objetivos
17.
Ni
un día sin una línea: el poder de los hábitos
18.
Cómo
evitar las interrupciones
19.
Tómate
un respiro, aprende a desconectar
20.
En
pez compartido no hay espinas: el valor de la amistad
21.
Conocidos
y saludados: el poder de la simpatía
22.
Evita
a la gente tóxica
23.
Comparte
tus emociones: desahogarse (con la
persona
adecuada) es liberador
24.
No
seas idiota. Implícate en el bien común
25.
Sonrisas
y lágrimas: somos humanos, no piedras
26.
El
dinero no quita la felicidad
27.
Cómo
ser emprendedor: la fortuna ayuda a los valientes
28.
El
orden produce paz interior
29.
Mens
sana in córpore sano
30.
La
higiene y la imagen, tus aliadas emocionales
31.
Dormir
bien para vivir mejor
32.
Cómo
llegar a los 100 años… y mantenerse
33.
Una
buena alimentación equilibra tu mente
34.
Un
huerto y una biblioteca
35.
Nada
humano me es ajeno: no hables mal de los demás
36.
Cómo
afrontar la vejez
37.
La
libertad como forma de vida
38.
La
bondad tiene premio
39.
Repasa
cada día lo que has hecho
40.
Date
prisa en vivir: carpe diem
41.
Me
han ayudado a ser mejor persona
42.
Mis
cómplices en este viaje
DEL CAPÍTULO Y CON PERMISO DE
LA
CASA EDITORA; LO SIGUIENTE:
Vivir
es combatir
«Pero
es que vivir, Lucilio, es combatir» escribe Séneca en la
carta 96: Vivere militare est.
Séneca
defiende la idea de que la vida es una batalla constante, no contra nadie, sino
para ser capaces de superar las adversidades. Aunque debemos aceptar con
serenidad estoica lo que nos sucede, esto no significa resignarse a la
inactividad. Me encanta esta idea: serenidad no es inactividad. ¡Al contrario!
Para
Séneca debemos enfrentarnos a los desafíos de la vida con determinación y
esfuerzo.
Normalmente
se asimila el estoicismo a la resignación. No quiero entrar en debates
filosóficos. A propósito de esos debates, se atribuye al genial director de
cine Billy Wilder la frase «que no me tomen por
un intelectual». Pues a mí me pasa igual. No quiero que me tomen por un
intelectual, pero sí quiero rebatir la idea que se tiene de la resignación
estoica. Una cosa es la serenidad a la hora de aceptar las cosas que no
dependen de nosotros y otra muy distinta es resignarse a la inacción. ¡Para
nada! ¡Vivir es combatir!
Vivir
es caerse y levantarse.
La
vida es complicada, claro. Hay problemas, claro. Séneca plantea un mercado y un
campamento como símbolos de dos tipos de vida. El mercado representa la vida
cómoda, fácil, sin desafíos, donde las personas buscan el placer y evitan el
esfuerzo.
El
campamento, en cambio, representa la vida del guerrero, donde hay que
enfrentarse a dificultades, peligros y desafíos constantes. Para Séneca, la
vida verdaderamente digna es la del campamento, donde se vive en alerta y se
lucha por salir adelante:
Pregúntate
a ti mismo, si algún dios te permitiera escoger, si querrías vivir en un
mercado o en un campamento. Pero es que vivir, Lucilio, es combatir. Y así, los
que van de acá para allá entre trabajos y dificultades, los que afrontan
misiones muy peligrosas son valientes y lo más granado del campamento; pero
esos que, mientras los otros se esfuerzan, se entregan a un ocio vergonzoso y gozan
de una repugnante quietud, mientras los otros se esfuerzan, son unos
tortolitos, solo seguros a costa de su deshonor.
El
gran mensaje de Séneca es que, aunque no podemos controlar lo que nos sucede,
sí podemos controlar cómo respondemos. Y esa respuesta no es la resignación,
como tantos falsos intérpretes del estoicismo predican. La respuesta es la
acción, la lucha. Para el filósofo, donde se manifiesta la plenitud de la vida es
levantándose contra la adversidad, no en la comodidad. Viven una vida más plena
quienes luchan para superar las dificultades.
Y
es que el estoicismo nos enseña a no desperdiciar nuestra energía en lo que
está fuera de nuestro control, pero también nos insta a esforzarnos en lo que
sí podemos influir. En la carta 107 escribe: Vivir no es una cuestión de
remilgos. Has emprendido un largo camino [el de la vida]: no tienes más remedio
que resbalar, que tropezar, que caer, que cansarte.
Y
hay que estar preparado para todo:
Que
el ánimo se prepare frente a todo, que sepa que ha venido a un lugar donde
truena el rayo, donde [y aquí cita unos versos de Virgilio,
Eneida, VI, 274-5]: «El duelo y las angustias vengadoras han hecho su
madriguera, donde habitan las pálidas enfermedades y la triste vejez».
Entre
esos inquilinos hay que pasar la vida. No puedes escapar de esos males, pero
puedes despreciarlos. Y los despreciarás si a menudo los imaginas y de antemano
supones que habrán de llegarte. Por el contrario, el que no está preparado, se
espanta de lo más insignificante.
El
verdadero estoicismo no es resignación, sino preparación.
Esta
es la verdadera armadura del estoico —¡ya que hablamos de guerrero!—: no la
indiferencia ante lo que sucede, sino la fortaleza interior para afrontar
valerosamente los azares y adaptarse a la naturaleza:
No
podemos alterar las condiciones de la realidad; podemos, eso sí, hacernos con
un alma grande y digna de un hombre bueno, para con ella afrontar valerosamente
los azares y acomodarnos a la naturaleza.
Vivimos
en un mundo saturado de gurús de la autoayuda que nos ofrecen fórmulas mágicas
para enfrentar la vida. Muchos de ellos han descubierto el estoicismo y lo han
convertido en su nuevo mantra: «Acepta lo que viene, no te resistas, todo
sucede por una razón…». Pero ¿de verdad Séneca
nos habría vendido esta resignación, esta inacción disfrazada de sabiduría? ¡Ni
en broma! Séneca no nos dice que nos tumbemos en la hamaca —en su caso en el
triclinio— a esperar que el destino haga su trabajo. Séneca nos recuerda que la
vida no es un paseo por el parque, sino un campo de batalla: «Vivir, Lucilio,
es combatir».
La
lucha de la que habla Séneca es interna. No se
trata de pelear contra el destino, sino de prepararnos para que, cuando los
golpes lleguen, podamos resistirlos con firmeza y dignidad.
Muchos
falsos profetas nos venden una versión deformada del estoicismo como simple
resignación. El verdadero mensaje estoico nos llama a prepararnos, a luchar y a
enfrentarnos a la vida con coraje, no a aceptar todo pasivamente. Como dice mi
amigo, el escritor y editor Jordi Nadal, «vivir
es proponer, vivir es defenderse, vivir es luchar».
En
sus Meditaciones también Marco Aurelio reclama
que vivir es combatir:
El
arte de vivir se asemeja más a la lucha que a la danza, en lo que se refiere a
estar firmemente dispuesto a hacer frente a los accidentes, incluso los
imprevistos.
Marco Aurelio nos ofrece una metáfora
de la vida más como una lucha que como una danza. La danza simboliza un
movimiento fluido, armonioso y predecible, donde cada paso está cuidadosamente
coreografiado. En contraste, la lucha representa lo imprevisible. En la lucha,
cada momento exige una respuesta inmediata y decisiva, una disposición
constante para adaptarse y afrontar lo que venga.
Para
Marco Aurelio, la vida no es un camino suave ni
una serie de movimientos predefinidos. Vivir es estar en constante alerta,
preparado para enfrentarse a los obstáculos que surgen de manera imprevista.
Esta metáfora de la lucha subraya la necesidad de estar siempre listo, de
anticipar los desafíos y de enfrentarlos con valentía y firmeza. No podemos
prever ni controlar todo lo que nos sucede. Sin embargo, lo que sí podemos
controlar es nuestra respuesta. La vida como lucha implica una aceptación
activa, no resignada, de esta realidad: en lugar de esperar que las cosas
sucedan de acuerdo con nuestros planes, debemos estar preparados para
adaptarnos, para combatir con serenidad y convertir cada desafío en una
oportunidad de mejora personal.
El
grupo mexicano Maná titula uno de los álbumes
Amar es combatir. Séneca y Marco Aurelio en
estado puro: vivir es combatir.
TODO CAMBIA
Proteo era un anciano dios marino que tenía la
capacidad de cambiar su forma a su voluntad. Se decía que quien lograra
capturarlo y sujetarlo con firmeza a pesar de sus transformaciones podría
obtener de él las respuestas sobre el futuro. Si querías que hablara, tenías
que atraparlo. Pero esta tarea era extremadamente difícil porque Proteo se transformaba en cualquier cosa para
escapar: fuego, agua, animales, plantas, etc. El truco era mantenerte firme,
aceptar cada cambio sin pestañear y no perder la paciencia.
Solo
así, Proteo se rendía y soltaba la verdad (por
cierto, de ahí viene ‘proteico’, que significa ‘que cambia de forma o de
ideas’).
¿Y
qué tiene que ver esto con tu vida? Todo. Proteo
es la metáfora perfecta del mundo: está en constante cambio. Aceptar el cambio,
como hacían los que se enfrentaban a Proteo, es la clave para vivir a lo
grande. La vida no te espera sin moverse. Se mueve y cambia todo el tiempo, y
si te empeñas en agarrarte a algo estático, lo único que atraparás será tu
propia frustración.
Nunca te bañas dos veces en el mismo río
La
resistencia al cambio genera sufrimiento y, para prosperar, debemos aceptar y
adaptarnos a los cambios en nuestro entorno, en nuestras relaciones y en
nosotros mismos. Esta adaptación no solo es una forma de sobrevivir, sino
también de crecer y evolucionar.
Esto
ya lo dice hace ¡dos mil quinientos años! un filósofo griego, Heráclito, en su famoso panta
rei, que quiere decir ‘todo fluye’, donde recoge una idea central que
debemos tener muy clara para ser felices: el cambio es la única constante en el
universo. Esto es genial: lo único fijo es el cambio.
Heráclito, nacido en Éfeso (en la costa de la
actual Turquía), también escribió que «nunca te bañas dos veces en el mismo río»,
lo que nos recuerda que tanto el mundo, lo que nos rodea, como nosotros mismos,
estamos en un estado permanente de transformación. Este, insisto, es un pilar
básico de nuestro bienestar emocional: aceptar la naturaleza cambiante de la
realidad y cómo nos tenemos que adaptar al cambio.
Heráclito utilizó el río como una metáfora
para expresar su visión de que todo en la vida y en el universo está en un
estado constante de flujo. Así como el agua de un río está en movimiento
continuo, así también lo está todo en la realidad. Nada permanece estático,
todo está en un proceso de cambio.
Al
igual que Heráclito, que ve el mundo y la vida
como un río en constante movimiento, Ovidio
presenta un universo donde el cambio es inevitable. Las historias de las
Metamorfosis nos enseñan que resistirse al cambio es inútil, y que la verdadera
comprensión de la naturaleza del mundo viene de aceptar y adaptarse a ese «todo
fluye».
Esto
incluye no solo los objetos físicos sino también nuestras experiencias,
pensamientos, y nosotros mismos. Cuando intentas entrar en el río por segunda
vez, no solo ha cambiado el río, sino que tú también has cambiado. Tus
pensamientos, emociones y experiencias han evolucionado, aunque sea de manera
sutil, desde la primera vez que entraste al río.
Por
lo tanto, la realidad que experimentas es siempre nueva y diferente, en parte
debido a los cambios que han ocurrido dentro de ti mismo.
¿Somos
el mismo o la misma que hace diez años?
¿Nos
gustan las mismas canciones, películas o bebidas?
¿Vestimos
igual?
¿Nos
relacionamos con las mismas personas?
Tampoco
Séneca se baña dos veces en el mismo río
De
la misma manera, las circunstancias, las personas y las situaciones cambian
continuamente, aunque a veces no lo notemos a simple vista. Ya Séneca escribe en una de sus cartas, la 58:
Ninguno
de nosotros es hoy por la mañana el mismo que fue ayer.
Todo
cuanto contemplas sigue el curso de un río. Ninguna de las cosas que vemos
subsiste: yo mismo he cambiado mientras digo que ellas cambian.
Y
se refiere a Heráclito:
Este
devenir es el que expresa Heráclito: «Nunca nos
bañamos dos veces en el mismo río». Porque el río conserva su mismo nombre, pero
el agua se le ha ido.
Y
hace una reflexión magnífica sobre la muerte, bueno, sobre el miedo a la
muerte, cuando continúa diciendo:
Este
cambio es más evidente en el caudal del río que en el hombre, pero también a
nosotros una corriente, no menos rápida, nos empuja adelante, y por ello me
sorprendo de nuestra locura de amar con tanta intensidad la cosa más efímera,
el cuerpo, y tener miedo a morir algún día, cuando en realidad cada instante es
la muerte del estado anterior.
Todo
es cambio también para Marco Aurelio
Marco Aurelio invita a aceptar el
cambio como un proceso natural y necesario, inherente tanto al universo como a
nuestra propia existencia. Desde esta perspectiva, el cambio no es algo a temer
sino una condición constante y, de hecho, indispensable para la vida.
El
emperador filósofo utiliza ejemplos cotidianos, como el fuego que convierte la
leña en calor o los alimentos que se transforman en nutrientes, para ilustrar
que nada en el universo se mantiene inmutable sin volverse estéril. Tal como el
fuego necesita consumir y transformarse para generar calor, nosotros
necesitamos abrazar nuestra propia capacidad de transformación.
Si
rechazamos el cambio nos apartamos de la naturaleza misma de la realidad, una
idea cercana a lo que Heráclito llamaba «lucha de
opuestos», un conflicto dinámico y necesario para el equilibrio del mundo:
¿Se
teme el cambio?
¿Y
qué puede producirse sin cambio?
¿Existe
algo más querido y familiar a la naturaleza del conjunto universal? ¿Podrías tú
mismo lavarte con agua caliente si la leña no se transformara?
¿Podrías
nutrirte si no se transformaran los alimentos?
Y
otra cosa cualquiera entre las útiles, ¿podría cumplirse sin transformación?
¿No te das cuenta, pues, de que tu propia transformación es algo similar e
igualmente necesaria a la naturaleza del conjunto universal?
(Meditaciones VII)
En
cuanto al miedo al cambio, Marco Aurelio parece
sugerir
que
este temor proviene de una falta de comprensión de la naturaleza del universo.
Cuando percibimos el cambio como una amenaza surge el miedo; sin embargo, si
reconocemos que somos parte de esa misma naturaleza cambiante, entonces
entendemos el cambio no como una pérdida, sino como un paso necesario en nuestro
desarrollo personal y en el funcionamiento del mundo.
La
actitud ha de ser, por tanto, adaptarse y aceptar con serenidad el cambio,
entendiendo que nuestra propia existencia es la renovación constante.
A
Churchill se le atribuyen muchas frases, debido
a su ingenio, a su destacado papel en la historia y a su reputación como gran orador.
Hay un chiste sobre las frecuentes citas apócrifas:
«Encontrado
en Almería un yacimiento de citas de Churchill».
Pues
bien, no he logrado localizar en Churchill esta
frase que se le atribuye, y que, sea de quien sea, es buenísima:
Cambiar
no siempre equivale a mejorar, pero para mejorar, hay que cambiar.
En
cualquier caso, nuestro entorno cambia, y tenemos que
adaptarnos
a él para tener una buena vida.
A
finales de los años noventa triunfó en el mundo el librito: ¿Quién se ha
llevado mi queso? Cómo adaptarnos a un mundo en constante cambio, de Spencer Johnson, en el que «con palabras y ejemplos
comprensibles incluso para un niño, nos enseña que todo cambia, y que las
fórmulas que sirvieron en su momento pueden quedar obsoletas».
Pues
claro, lo mismo que nos enseñaron Heráclito y Séneca, y
lo que otros autores clásicos escribieron también, desde Demócrito a Lucrecio pasando por Epicuro, en su teoría del átomo (y sin microscopios
electrónicos): somos átomos en constante movimiento y cambio.
TODO CAMBIA
Me
encanta una canción titulada Todo cambia de la cantante argentina Mercedes Sosa. La letra dice:
Cambia
lo superficial,
cambia
también lo profundo,
cambia
el modo de pensar,
cambia
todo en este mundo.
Repite, «cambia, todo cambia». Y termina con algo maravilloso,
«todo cambia, pero no
cambia tu amor».
El
valor del cambio, la necesidad de adaptarse no ya para mejorar, sino para
mantenernos, lejos de ser conceptos modernos, forman parte del núcleo del
pensamiento de los clásicos grecolatinos. El cambio es tanto una oportunidad
como un desafío. Al final, no es el cambio en sí lo que importa sino la
dirección en la que nos guía y nuestra capacidad para adaptarnos en medio de la
constante transformación de la vida.
El
tiempo avanza, y con él, todo lo demás cambia. «Todo fluye». Los clásicos
tenían muy claro que hay aceptar el cambio y adaptarse a él. Tenlo claro tú
también: todo cambia.
De la prestigiosa
colección:
Autoayuda, Crecimiento
Personal
FICHA TÉCNICA:
1
libro
352
páginas
En
formato de 15 por 23 cm
Pasta
delgada en color plastificada con solapas
Primera
edición 2026
ISBN
9786076391419
Autor
Emilio del Río
Editor
Planeta / Paidós
FAVOR DE PREGUNTAR
POR EXISTENCIAS EN:
Correo
electrónico:
Celular
y WhatsApp:
6671-9857-65
Gracias
a Google por publicarnos
Quedamos
a sus órdenes
CARPE DIEM
Autoayúdate con los
clásicos
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